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¿Por qué perdemos la motivación en el trabajo?

Cuando encuentras un nuevo trabajo todo es alegría, bienestar y buen rollo. Estás muy motivado/a, sientes entusiasmo, tienes alta la moral y todo es estupendo.

Sin embargo, está estudiado que a los 6 meses de haberte incoporado a la empresa, tu motivación decae y lo sigue haciendo cada año que pasa. ¿Por qué?

Según la empresa CommLab India, que se dedica a dar soluciones de capacitación e-learning, perdemos la motivación por cinco razones.

Una de ellas es que la empresa no nos marque claramente hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos, qué se espera de nosotros, qué debemos conseguir y qué áreas son más importantes y, por tanto, sobre cuáles debemos priorizar e intensificar nuestro trabajo.

Si no tenemos claro donde hay que esforzarse más y luego nos lo recriminan, nos vamos a frustrar y vamos a ver que no tiene sentido hacer ciertas cosas y que había que haber hecho otras, pero al no habérnoslo señalado la empresa con antelación, ya es demasiado tarde y nuestra moral está minada.

Esto se puede solucionar y corregir, siempre que la empresa muestre un liderazgo claro y deje suficientemente bien explicado qué espera que hagamos en un futuro.

Tanto si lo estamos haciendo bien como si lo hacemos mal, la empresa debe decírnoslo. Lo malo es que siempre se suelen decir las cosas malas, pero raramente las buenas. Por eso, éste es el segundo motivo por el que perdemos el entusiasmo.

Si solo te señalan lo que haces mal, pero nunca o casi nunca te dicen lo que estás haciendo bien, pierdes la motivación y te planteas de qué sirve hacer bien las cosas si te van a pagar igual a fin de mes, sin tener gratificación ni reconocimiento.

Y es que la falta de reconocimiento o recompensa es la tercera causa por la que un trabajador dejar de estar entusiasmado con su puesto.

Si hacemos un esfuerzo por desempeñar especialmente bien una tarea, un pico de trabajo, un reto o cualquier otra cosa fuera de nuestras labores habituales, esperamos que la empresa lo note y nos lo recompense de palabra e incluso con alguna gratificación económica o en especie.

Pero no todo es el premio económico o verbal, también tenemos que contar con los medios, la orientación, la autoridad y el apoyo suficiente de la empresa a la hora de desarrollar una tarea que se nos encomiende. Si no es así, es inevitable que la frustración sea la consecuencia directa.

Por último, debemos tener autoconfianza. Si en una empresa, trabajo o tarea anterior tuvimos un fracaso o algo que no salió como esperábamos, lo normal es que volvamos a experimentar la misma sensación ante una situación parecida en la nueva empresa.

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